
Lo miraba desde lejos.
Él estaba en el banco de al lado y yo lo miraba de lejos. Me fijaba en sus gestos, en su expresión, la forma en que movía los labios, cómo hablaba y caminaba.
Tan sencillo. Tan complejo.
Cuando oía su voz sentía el calor de unas manos invisibles que me atrapaban donde quiera que estuviera y me hacían cosquillas en el cuello con sus dedos índice y anular.
Se dirigía a mi y sonreía. Era él mismo, pura sinceridad. Nos armábamos un mundo aparte, sin tiempo y sin sentido, alejado de todo los demás.
¿Viste que cuando uno siente esto se vuelve ciego y estúpido? A mi me pasa todo lo contrario. Me abre más los ojos. Veo sus defectos o los cambios de actitud que tiene, esas mañas insoportables que termino amando.
Mis amigas estaban sorprendidas. Habiendo tanto adolescente en el colegio justo lo tenía que elegir a él. Es que me pueden los artistas.
Yo espero...Y espero.
-¡Qué raro que andes tan temprano por acá!
- Pensé que se me hacía tarde- sonrió burlándose un poco de sí mismo.
Adoraba esas curvas que se le hacían en la cara.
-Vení- acompañó las palabras con un gesto de su mano- vos tenés que escuchar esto.
Sacó su mp3. Yo ya estaba preparado.
La guitarra sonaba muy bien y la letra era fantástica, pero sobre todo me quedaba viendo como él fijaba su mirada ecpectante en mí, concentrada en las reacciones de mi cara.
Nuestros compañeros empezaban a aparecer, pero él no desviaba su vista ni su concentración. Sólo tenía los ojos para estar en nuestro pequeño mundo.
Mayo del 2009... Ayer estuve pensando en vos.

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